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El día de la marmota

Un ritual que se repite: Los "santos" en Villafrades

Villafrades de Campos, 1 de Noviembre de 2019. Roberto Villacorta Gordaliza

Curioso título para un artículo que va a tratar sobre el día de todos los santos, pero es así como se siente este escritor año tras año cuando llega esta fecha, aunque debo reconocer que espero que año tras año se siga produciendo igual de manera inamovible. Y todos os preguntaréis, ¿pero por qué este título?, y yo con gusto os lo narraré y es porque cada uno de noviembre yo me siento por unas horas como Bill Murray interpretando en esa película al meteorólogo Phil Connors que mientras cubría el evento anual del día de la marmota, por uno de esos azares de la vida de repente se encuentra atrapado en un ciclo del tiempo, repitiendo el mismo día una y otra vez. Y esa sensación es la que recorre mi cuerpo llegada esta fecha, con la diferencia de que Phil Connors vive esa experiencia en Pennsylvania y yo en Villafrades de Campos, pueblo que no tiene nada que envidiar a esa urbe.

Y es de la siguiente manera como comienza mi historia: cada 1 de noviembre en España y en muchos lugares del mundo se celebra el día de todos los santos, día en el que por tradición acudimos a los cementerios a visitar las tumbas de nuestros seres queridos, llevar flores y en definitiva, rememorar su memoria entre nosotros, sus familiares, permitiendo esa grandeza que nos da el recuerdo, que consigue que nadie fallezca eternamente si no cae en el olvido.p>

Pues bien, cada 1 de noviembre siempre que mi tiempo y la salud me lo han permitido, como no podía ser de otra manera, yo me he desplazado al cementerio de mi pueblo a recordar a mis seres queridos y es en ese momento y en ese día cuando empieza mi ciclo repetitivo, que genera dentro de mí expectación y gran ternura.

Primero comienza el problema de los centros florales, mi casa por unas horas se convierte en una floristería, varios centros florales están dispuestos en la terraza de mi casa para ser llevados a mi pueblo y es en ese instante cuando mi padre coge las maletas y mi madre, mi hermana y un servidor coge cada uno un centro de flores y desfilamos hacia el coche como una procesión que anuncia que el día de todos los santos ha llegado. Pero primer problema, cómo meter todo eso en un maletero y comienza el baile de bolsas, maletas, flores, abrigos, asientos, hasta que al fin, año tras año, todo acaba cuadrando milimétricamente para poder iniciar el viaje. Y es así como la familia partimos hacia Villafrades de Campos. Y llegamos al pueblo, en un día que si el cambio climático no nos lo arrebata como está ocurriendo, suele ser un día nublado, frío, muy frío e incluso en ocasiones lluvioso, es cuando yo observo por la ventanilla del coche que todo sigue repitiéndose y bajo del coche esperando ese olor que se repite en mi memoria año tras año y es el olor a leña quemada y esa visión de chimeneas humeantes lo cual le da un hermoso encanto a esta villa y hace que mis recuerdos vuelvan a la memoria de que un año más, en esa fecha tan señalada estoy allí reviviendo ese día.

Descargamos el coche y entramos en casa notando esa sensación de frío que todos los villafradeños sabéis a la que me refiero y es en ese instante cuando sé lo que va a ocurrir y no es otra cosa que mi padre inmediatamente se dispone a cargar la gloria y encenderla para que la casa coja calor y se repite ese olor que tanto disfruto y una vez realizado ese ciclo nos vamos a misa para orar en recuerdo de todos los santos y todos nuestros difuntos. Iglesia que sirve de punto de encuentro para toda mi familia y me atrevo a decir que para todas las familias del pueblo y allí estoy yo, esperando que a la salida se produzca la situación, que no es otra que corrillos de mujeres organizando como se va a acudir al cementerio, a qué hora, en qué momento, quién lleva qué, qué coches llevarán las flores, quién necesita ir en coche hasta allí, etc y efectivamente, esa situación se produce año tras año y cuando todo está organizado mis padres y yo nos vamos a casa a coger los útiles de limpieza y flores que vamos a llevar al cementerio y es en ese instante cuando estoy deseando que se produzcan las palabras mágicas de mi madre y es cuando viene con una bandeja de buñuelos y nos dice," comed chicos para coger fuerzas" y uno que es goloso, come dos, para recargar más pilas, mientras observo como mi hermana va a decir también sus palabras mágicas que son, "¿cuáles son los de nata?" y es en ese instante cuando sé que este día sigue su curso inalterado en el tiempo.

Recobradas las fuerzas iniciamos nuestro peregrinaje hacia el cementerio, pero sé que no iremos directos, como ocurre en este cíclico día, antes iremos pasando previamente por las casas de mis tías para recogerlas y acudir todos juntos al campo santo y siempre en este trayecto se producen conversaciones de lo divino y lo humano, de recuerdos y anécdotas de nuestros antepasados y de lo fugaz que es la vida, por lo tanto todo sigue su curso y nosotros seguimos nuestro rumbo y es al llegar al puente cuando sé lo que voy a visionar y es un goteo incesante de gente que va y que viene hacia el cementerio, cruzándonos los unos con los otros y parándonos a saludar y charlar brevemente con nuestros vecinos y a lo lejos observo como siempre los coches de mi padre y tíos que allí esperan con sus flores para nuestros familiares.

Ya una vez en el cementerio comienza un ritual que siempre se repite y que yo observo con atención y es ver como mis familiares comienzan a limpiar las sepulturas de todos sus seres queridos, sin necesidad de hablar, de decir nada, todos saben cuál es su función, parece que todo estuviera perfectamente orquestado y yo contemplo y participo con orgullo junto a mi familia en esa escena, que no es otra que esmerarnos en dejar todo en perfecto estado y con sus centros florales bien amarrados para que los vientos de tierra de campos, típicos en este tiempo no los destrocen.

Y una vez finalizado este trabajo que nos ha unido a todos, observo impaciente que se produzca el siguiente acontecimiento y veo cómo poco a poco todos mis familiares se van dirigiendo hacia el centro del cementerio, en silencio, buscando ese punto, ese punto desde el cual todos observamos el descanso de nuestros mayores, con anhelo y por qué no decirlo, con tristeza contenida y es en ese lugar y en ese punto cuando mi tía Flor nos indica, "¿Rezamos ya por nuestros mayores?" Y todos asentimos con la cabeza y ella empieza nuestro rezo con esta oración: "Señor Dios que nos dejaste la señal de tu pasión en la sábana santa." y todos continúan con el rezo, rezo que desde mi infancia he escuchado año tras año, rezo que desde niño observaba en mis padres y tíos y que ahora yo mismo realizo junto a ellos, rezo que como todo en ese día para mí se repite año tras año y es al finalizar esta oración cuando alguien siempre se lo agradece a mi tía con un, que Dios te lo pague, cosa que no dudo que ocurrirá.

Y es así como este escritor pasa cada uno de noviembre, en familia, recordando a mis seres queridos y en mi pueblo, el cual en ese día adquiere un cariz especial para mí por ese bucle sin fin que vivo por unas horas año tras año.

Roberto Villacorta Gordaliza





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